viernes, agosto 12

La “naranja maltesa” la reina de las naranjas de Túnez

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La naranja “maltesa”, que los tunecinos denominan la “Reina de las naranjas”, es originaria por cierto de Asia, pero hay diferentes versiones sobre cómo llegó a Túnez. Algunos dicen que se trajo desde España a comienzos del siglo XVII. Pero esto no explica a qué debe su nombre.

Malta se encuentra a solo 284 kilómetros del Túnez moderno, por lo que puede ser que la naranja se introdujera directamente desde ese país. De hecho, la fruta se cultivaba en esa isla del Mediterráneo en el siglo IX.

En todo caso, hace unos 250 años, la fruta comenzó a conocerse en el mundo anglosajón como “naranja de Malta”; fue muy elogiada en libros de cocina e incluso inspiró la salsa francesa “maltesa” (una modificación de la salsa holandesa, con jugo y piel de naranja sanguina). Cabe decir que la naranja es muy apreciada en Europa y otros lugares.

Beneficios para el organismo

La naranja sanguina pertenece a la familia de las rutáceas. Similar a una naranja semisanguínea, es en el noreste de Túnez donde su cultivo resulta más fructífero hoy en día, específicamente en la península de Cabo Bon, cerca de la costa de Hammamet.

Es de tamaño mediano y ligeramente ovalada, y se pela fácilmente. Por dentro, la carne es tierna y jugosa. Su sabor es dulce y agrio, lo que la hace en única. En el árbol, puede tornarse de naranja a roja si está demasiado expuesta al sol.

La piel de la naranja sanguina es aromática y se emplea para elaborar agua de azahar, un ingrediente típico tunecino que se utiliza para aderezar muchos platos dulces, como el pastel de naranja.

“Es sabrosa y ofrece abundantes beneficios para la salud, especialmente en esta época de crisis”, dice Fehria, una tímida agricultora de mediana edad de Cabo Bon, mientras corta el tallo de las naranjas. Expertos locales, como Fehria y sus colegas, cosechan las naranjas sanguinas a mano.

La FAO tiene en túnez un proyecto muy interesante con los lugareños del sector.

Fehria siempre ha trabajado en el sector agrícola. La recolección de frutas y hortalizas en su región es la principal fuente de ingresos de Fehria y su familia. Solía cosechar patatas y alcachofas, y comenzó a cosechar cítricos hace tan solo cuatro años. Actualmente, se dedica a la “Reina de las naranjas” y se enorgullece de trabajar con un producto tan preciado.

“Maltesa”, pero producida en Túnez

Grombalia, el pueblo de Fehria, tiene unos 25 000 habitantes y es un animado lugar situado en Cabo Bon. El aire de Grombalia está perfumado por la esencia de las flores de naranjo en primavera, y el color dorado de los frutos ilumina el paisaje en invierno, la temporada de cosecha.

Aunque se trata de una actividad estacional, desde finales de diciembre hasta finales de marzo, la cosecha proporciona a Fehria y a sus compañeros de trabajo de los huertos vecinos, unos ingresos estables y, sobre todo, condiciones de trabajo decentes.

“Aquí en el huerto, rodeada de naranjas, me siento como pez en el agua. Pero lo que más me importa es que mi comunidad y mi empleador respetan mi contribución”, dice Fehria.

Los naranjales de la península de Cabo Bon abarcan una superficie de aproximadamente 14 000 hectáreas, en las que alrededor de la mitad de la tierra se destina a la producción de naranja sanguina.

Aunque la Reina de las naranjas domina el mercado de exportación, en la zona también se cultivan otras variedades locales, como meski, châmi o Thomson.

En la región de Cabo Bon, que produce más del 75 % de todos los cítricos de Túnez, se está registrando asimismo una proliferación de los cultivos de naranjos mandarinos y limoneros, que aprovechan las ventajas del suelo rico y fértil y del sol durante todo el año.

Calidad e inocuidad garantizadas

El jefe de Fehria es un productor de cítricos destinados al mercado local y la exportación. También dirige una estación de embalaje contigua en la que emplea a unos 50 lugareños que lavan y embalan naranjas sanguinas y se aseguran de que estas se ajusten a las normas de calidad.

La FAO presta apoyo al funcionamiento de esta estación de embalaje y de otras unidades de producción a fin de que registren su producción de frutas y hortalizas en el sistema nacional de información. Este sistema ayuda a los agricultores a registrar sus productos para el control de calidad y ayuda a las autoridades a distribuir los resultados y las correspondientes licencias a través de esta plataforma. Su eficiencia allana el camino para las exportaciones de frutas y otros productos agrícolas.

Esta es solo una parte de la principal actividad de la FAO en Túnez, un proyecto emblemático denominado Apoyo a los servicios de control oficiales (ASCO), financiado por la Unión Europea. El proyecto ASCO ofrece apoyo para garantizar la salubridad de los productos de origen animal y vegetal, con la finalidad de modernizar el sector agrícola del país mediante asistencia a lo largo de la cadena de valor.

Esto incluye fomentar la capacidad de los productores de alimentos, los laboratorios de control de calidad y las autoridades locales para comprender y satisfacer los requisitos de calidad para la exportación. Otra esfera de trabajo importante es la ayuda a los productores para tratar y gestionar las enfermedades de las plantas y animales.

Las asociaciones con las comunidades agrícolas, las autoridades locales y el sector privado son importantes para mantener el adecuado funcionamiento de estos sistemas y permitir a los agricultores obtener ingresos regulares. En suma, la FAO ayuda a garantizar que la población de Túnez cuente con medios de vida remunerativos a través de productos como la naranja sanguina, que son una fuente de orgullo y superan las pruebas internacionales de calidad.

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